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Niños dispersos, distraídos, incapaces de concentrarse ¿ADD-ADHD?

Se dispersan, no terminan lo que empiezan, no se concentran, no hacen las tareas… La escuela es el lugar donde suelen detectarse estos síntomas que traen como consecuencia un bajo rendimiento escolar.

El diagnóstico de ADD/ADHD, déficit de atención con o sin hiperactividad, abarca síntomas que se dividen en dos grupos: la atención y la hiperactividad-impulsividad. En este artículo voy a centrarme en los problemas que tienen que ver con la atención.

Actualmente a cualquier niño desatento suele diagnosticárselo como ADD/ADHD, este diagnóstico suele estar hecho a veces por padres o maestras y no siempre por profesionales que hayan evaluado el caso seriamente.

La Atención

La atención es una función activa, relacionada con intereses y deseos, implica dirigir el interés hacia un determinado objeto, contenido o situación y sostenerlo, para lo cual también hay que posponer deseos o necesidades inmediatas.

Tenemos que pensar la atención en relación a la historia personal y familiar, a las sensaciones internas y externas y a los procesos inconscientes.

Entonces, podíamos preguntarnos: los chicos "desatentos" ¿no estarán atentos a otra cosa?

Hay chicos que se dispersan frente a la dificultad, otros están pendientes de la mirada de los otros (pares, docentes), otros están atentos a sensaciones, deseos, recuerdos o fantasías, otros están tomados por situaciones familiares conflictivas, etc.

Veamos algunos ejemplos

Zoe de 9 años se enfrenta a escribir una descripción cuyo tema es “Las vacaciones” y la hoja queda en blanco… ¿qué pasó? Este tema dispara en Zoe un montón de vivencias: su padre murió recientemente y fueron sus primeras vacaciones sin él, lo cual le generó angustia y esto le impidió escribir.

Marcos de 6 años siente el mundo como amenazante, teme hacer las cosas mal, se siente juzgado negativamente por los demás. En clase, frente a las tareas se pone nervioso, transpira, su corazón late fuerte. Está tan atento a las sensaciones corporales y a la angustia que no puede responder.

La falta de atencion en los niños

El tratamiento

Los padres suelen llegar a la consulta angustiados, con un diagnóstico que les preocupa, a veces enfadados, otras temerosos de que sus hijos repitan de curso.

Se debe trabajar con los padres y el niño para poder ir abordando los conflictos familiares que se ponen de manifiesto, escuchar al niño e interpretar su juego, evalúar hacia donde dirige su atención y que le impide dirigir la misma hacia los contenidos escolares.

Trabajar con la escuela para orientarlos sobre cómo ayudar al niño en clase. Realizar trabajos interdisciplinariamente con otros profesionales dependiendo el caso con psicopedagogos, neurólogos, etc.

La Sobremedicación

Actualmente hay una tendencia a sobremedicar a los niños con Ritalina, esta medicación produce efectos que alivian a los padres y a la escuela pero no van a los orígenes del problema, no modifican el conflicto que produce esos síntomas, lo cual puede llevar a que el niño preste atención pero que aparezcan otros síntomas.

Martina de 8 años tomaba Ritalina a partir de su dificultad de prestar atención en clase, este síntoma cedió pero en su lugar, al no haberse tratado el problema de base, surgieron nuevos síntomas: dolor de barriga antes de entrar a la escuela, aislamiento en los recreos, negación a ir a cumpleaños, etc.

La medicación puede utilizarse en algunos casos particulares como un recurso más que acompaña el tratamiento, después de una correcta evaluación y diagnóstico.

Pero no se debe medicar masivamente a los niños sin antes haber agotado todos los recursos terapéuticos.

Un caso concreto

Lucas de 8 años, se dispersa en clase, tiene bajo rendimiento, según su papá “su cabeza está en otro sitio”. Su madre lo abandonó hace 5 años, y de eso no se habla, de eso no se puede preguntar, su padre decidió “sepultarla”. 

Su papá  consulta diciendo “mi hijo es ADD” en vez de “Mi hijo es Lucas”, Lucas llega sin nombre, no puede aprender, no puede preguntar, ¿en que “otra” estará Lucas?

Lo que Lucas no puede preguntar es sobre su madre, que funciona como un fantasma en la familia del que no se habla y que está siempre presente en su cabeza.

Con el tratamiento Lucas recupera su nombre, se abre un espacio en la familia para hablar y preguntar sobre su madre, Lucas se alivia, y puede interesarse por contenidos escolares.

Conclusión

Yo creo que la mejor forma de trabajar es con la singularidad del paciente y su familia. La historia de los chicos está escribiéndose, no la cerremos con una “etiqueta”, es importante hacer un buen diagnóstico y tratamiento para ayudar a ese niño a que pueda descubrir el placer por aprender.

Cada niño es diferente y debe ser tratado como tal, averiguar que le preocupa o que le retiene es esencial para poder ayudarle a mejorar.

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