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Establecer límites con nuestros hijos

Podemos pensar cómo nos sentimos actualmente al poner un límite. Si nos da miedo nuestro hijo, si nos invade la rabia, si podemos mantener el límite que pusimos o si nos sentimos culpables.

 “Lo riño y hace una pataleta”, “Me saca de quicio”, “mi marido nunca le dice nada y yo quedo como la mala”, “Se me va la mano y le doy una colleja”, “Lo riño, llora y lo dejo hacer lo que quiere”, “Estoy muy cansada como para decirle que no”…

Este artículo es bastante extenso así que os dejamos un resumen de lo que vamos a tratar:


Qué son los límites y por qué es importante ponerlos

Los límites son un marco de referencia, de seguridad y contención, ayudan a los chicos a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y que no, qué está permitido y qué prohibido.

Al poner un límite enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para enfrentarse a la vida.

La puesta de límites implica dos momentos, primero es el adulto el que establece las normas y luego el niño las internaliza, permitiéndole esto regular su propia conducta.

Es tan perjudicial la falta de límites como el exceso de los mismos.

La falta de límites produce hijos “tiranos” que hacen todo el tiempo lo que desean, no pueden esperar y no toleran la frustración. Son chicos que pueden sentirse no mirados o no queridos.

El exceso de límites genera hijos con miedo, inhibiciones y rabia. El exceso de “no” y los “no” arbitrarios pueden llevar a los chicos a revelarse contra ellos.

Las rabietas

Niños con rabietas y enfados

Tenemos que contener a los chicos cuando están invadidos por el miedo, la rabia, en medio de una pataleta o con un desborde de llanto.

La idea es, luego de pasada la rabieta ya que en medio del desborde no puede escucharnos, hablarles y ayudarlos a identificar lo que sienten y expresarlo con palabras. 

Si se tira al suelo, nos patea, pega o muerde, poder sostenerlo y abrazarlo con fuerza, darle tiempo para que se tranquilice y decirle que no vamos a permitir que se lastime o que nos lastime.

A veces en medio del desborde no permiten que los toquemos, darle tiempo a que se le pase para luego poder conversar, pero si se esta poniendo en riesgo, lastimandose o lastimandonos, tirando objetos, hay que poder detenerlo poniendo un límite desde lo corporal ya que en ese momento a veces no alcanza con la palabra.

Mientras tanto podemos pensar ¿qué pasó antes de la pataleta?, ¿qué nos está queriendo decir?, ¿qué necesita?. Les propongo tratar de decodificar qué le está pasando al niño y luego poner esto en palabras.

A los niños más pequeños hay que ayudarlos a entender lo que sienten ofreciéndole palabras, por ej.: ¿tienes miedo?, ¿tienes sueño?, ¿estás enfadado?.

Un Ejemplo de Rabieta

El niño coge el maletín del papá y lo abre sacando sus papeles: el papá se enfada y lo riñe y al niño ​le da una pataleta.

¿Qué se puede hacer frente a esta situación?
Una opción posible es la siguiente:
“Estás enfadado (qué siente el niño), tenías ganas de ver qué hay en mi maletín (qué quería hacer). Para mi es importante que esté ordenado y que no lo toques sin mi permiso (qué siente el papá).

 Las cosas que hay ahí no son para jugar, papá las usa para trabajar y no las puedes tocar solo (qué no se puede y por qué). Si quieres, nos sentamos juntos y te muestro algunas cosas que tengo y te cuento que son… (le damos una opción alternativa)”.

Sé que esta situación parece muy ideal o difícil de llevar a la práctica, sobre todo cuando estamos cansados, con rabia o preocupados por otros temas, pero vale la pena intentarlo.

Por otro lado, esta no es la única opción, cada papá irá encontrando las palabras según su estilo personal.

Como Castigo, Rincón, Paliza, Premios y Castigos

¿Qué hago?, ¿Lo pongo en penitencia?, ¿Lo castigo y no lo dejo hacer lo que le gusta?, ¿Le doy una paliza de vez en cuando?, ¿Lo mando a su habitación y lo dejo llorar?, ¿Lo amenazo o lo asusto con algo para que pare y haga caso?...

Como Castigo


“Te vas al rincón a pensar”. ¿Realmente el chico va a pensar algo con respecto a lo que hizo o va a esperar que pase el tiempo y entretenerse con otra cosa?. ¿Está en condiciones de reflexionar solo sin la mediación del adulto?


“Te vas a tu cuarto como castigo”. Lo excluimos como un castigo. Una alternativa podría ser separar al niño de la situación diciéndole que se aparte hasta estar más sereno, dándole la posibilidad de decidir cuando volver... por ejemplo “así no puedes seguir jugando porque rompes tus juguetes y yo no voy a permitir que hagas eso, vas a sentarte un ratito ahí y cuando estés mas tranquilo vuelves a jugar”.

Premios y Castigos

“Si haces la tarea te compro chocolates”. Esto implica adiestramiento, no aprendizaje. ¿Se los recompensa por hacer lo que deben? ¿Esto no estará generando especulación?.


“Como no guardaste los juguetes, ahora no ves la tele”. Estamos castigando a nuestro hijo desde un lugar arbitrario que le impide apropiarse de la norma; el niño nos hace caso, pero... ¿qué aprende?.

Obligar a Pedir Perdón

Cuando no hay un arrepentimiento real y el niño da un beso y pide perdón por obligación ¿no les estaremos enseñando a ser hipócrita?

Recordemos cómo nos sentíamos de niños cuando nos obligaban a hacer esto.

 Seguramente nos daba mucha rabia y nos sentíamos impotentes por ser obligados a hacer algo que no sentíamos.

Gritos, violencia física y verbal

El castigo a los niños

Hay algunos padres que creen que a veces una bofetada  a tiempo es necesario sobre todo frente a situaciones en que nuestro hijo corre riesgos, por ejemplo: tocar el enchufe, cruzar solo la calle, etc.

Creo que a veces en estas situaciones es suficiente con elevar el tono de voz, decir un “no” firme y sujetar fuerte al niño protegiéndolo de la situación peligrosa.

En general los golpes, los insultos o los gritos generan en los chicos rabia, sufrimiento, miedo, dolor y resentimiento.

Al mismo tiempo les estamos enseñando un modo de relacionarse con los otros y de resolver problemas a través de la violencia: ¿es eso lo que queremos que aprendan?

Amenazas

“O te lavas los dientes o no te leo el cuento”. Le estamos dando la posibilidad de elegir, pero... ¿deben tener esa opción?, ¿las amenazas las cumplimos?

Mentirles para que obedezcan

“Si no vienes para aquí el monstruo te va a comer” o “Ahí viene el hombre del saco”...

Esto genera mucho miedo, no olvidemos que los chicos creen en lo que les decimos los adultos.

Cuando son muy pequeños no diferencian claramente realidad de fantasía. Al mismo tiempo les estamos enseñamos a mentir.

Qué Debemos Hacer

  • Los chicos tienen que saber qué cosas pueden hacer, qué cosas no y por qué.
  • Permitirle a los chicos que experimenten los efectos de su comportamiento y que internalicen las normas.
  • Enseñarles a reparar el daño que hicieron, a hacerse responsables de sus actos y reconocer que sus acciones afectan a los otros.
  • Por ejemplo:“Si pegas haces daño a tu hermano y el ya no va a querer jugar contigo. No pegues, si algo te molesta dilo con palabras”. Apartarlo del juego si es necesario, y darle la opción de volver cuando pueda volver a jugar sin lastimar.
  • “Rompiste el libro que te prestaron en la guardería, los libros no se pueden romper. Vamos a arreglar juntos la hoja que se rompió”
  • Es importante limitar la acción sin bloquear la emoción y buscar una forma alternativa y aceptable para que exprese lo que siente. Por ejemplo, si tiene mucharabia, se le puede ofrecer que le pegue a un almohadón, o alentarlo a decir qué le molesta y cómo se siente.“Estas enfadado porque querías sentarte donde se sentó tu hermano. En lugar de empujarlo, dile lo que te pasa y busca otra forma de resolverlo; ¿por qué no le preguntas si quiere cambiarte el lugar o si pueden estar ahí un rato cada uno?”. Si el hermano no acepta, ayudarlo a tolerar la frustración y permitirle que exprese su enfado.

Cada familia elegirá cual es el la forma de limitar a sus hijos con la que se siente más cómoda, lo importante es que estemos convencidos del limite que queremos poner, expresar claramente el “no” y sostenerlo, explicarle el por qué del límite, acordar con la pareja u otro adulto responsable normas claras y no enviar dobles mensajes.

Poner un límite y sostenerlo implica un esfuerzo, energía y armarse de mucha paciencia.

Es importante conocer nuestro nivel de tolerancia y apartarnos cuando es necesario, dejando la situación en manos de otro adulto que este más sereno.

Cuándo poner Límites

Vamos a analizar algunas situaciones cotidianas y ver cómo podemos resolverlas.

Cómo poner limites a los niños

Disuadir

Estamos en una reunión con amigos y vemos a Juan tocandose sus genitales delante de todos. ¿Qué hacemos?.

Lo podemos disuadir con alguna propuesta que llame su atención: "vamos a mirar este libro de cuentos" o "ven a dibujar con los chicos".

Así el niño deja de tocarse frente a los otros. Luego podemos explicarle que tocarse esta bien pero se hace en privado, no delante de los demás.

Advertir

Si no quiere ponerse el abrigo puedo advertirle las consecuencias de su conducta: "si no te pones el abrigo no vas a poder salir al patio a jugar porque hace frio". De esta forma va comprendiendo que hay determinadas reglas y que las decisiones que toma tienen consecuencias.

Diferenciar Fronteras

"Matías quiere estar con nosotros en la cama grande y necesitamos un rato de intimidad".

Si quiere estar en la cama matrimonial, explicarle cuál es su lugar y cuál el de los otros, qué cosas son de pequeños y qué de mayores.

Así lo ayudamos a diferenciar fronteras y en este caso marcamos roles diferenciados adulto-niño.

Es bueno que sepa que hay un espacio de los adultos en el que él queda excluido; implica saber que él no es todo para sus papás, que ellos también tiene otos intereses.

Ayudarlo a reconocer sus limitaciones

"Andrés está muy enfadado porque quiere cortar la carne con el cuchillo".

 Cuando quiere hacer algo pero todavía no puede, explicarle que hay cosas que puede y otras que todavía no. Ej.: "ya puedes beber en vaso, andar en el triciclo, etc., pero hay cosas que todavía no puedes, como cortar con el cuchillo porque es peligroso". "Vas a poder cuando seas más mayor".

Así, lo ayudamos a reconocer sus limitaciones y sus logros.

Protegerlo

Si tiene un cuchillo en la mano, primero hay que protegerlo: sacarle el cuchillo de la mano y después le explicamos por qué se lo sacamos.

Lo principal en estos casos en cuidar su salud y preservarlo del riesgo que corre.

 Puede ser que se asuste frente a nuestro susto, que se angustie o se enfade. Luego habrá tiempo cuando estemos más tranquilos para charlar.

Sancionar

Si el chico dibuja en la pared, hay que decirle que la limpie, que las paredes no se pintan.

Podemos ofrecerle hojas o un pizarrón para su cuarto donde sí pueda dibujar.

Mediante la sanción, incorpora la norma

Frenar el Desborde

Frente a una rabieta, primero lo sostenemos, evitamos que se lastime o nos lastime y una vez que esté tranquilo charlamos con él. 

¿Qué Situaciones son importantes Limitar?

  • Situaciones de riesgo. Ej.: suelta la mano el la calle.
  • Situaciones de desborde. Ej.: grita y patalea en el suelo porque no le compramos golosinas.
  • Cuando quiere lastimar a otros o romper objetos.
  • Cuando transgrede las normas o desafía a la autoridad. Ej.: no se quiere bañar, no quiere ordenar su cuarto, etc.
  • Cuando es necesario que incorpore normas. Ej.: hay que lavarse los dientes antes de dormir.
  • Cuando los chicos no saben cuál es su límite en cuanto a lo que quieren o pueden hacer. Ej.: quiere cortar con tijera a los 2 años.

Rigidez/Flexibilidad...

La idea no es ser rígido "sí o sí terminás los deberes hoy" y el niño se está cayendo de sueño.

Hay que ser firme pero flexible, tomando en cuenta las necesidades del niño, la edad y la situación concreta de la que se trate.

Negociando

A veces es necesario parar un poco y ver qué cosas podemos negociar, pero ojo, podemos negociar la forma en que se llevará a cabo, pero no la norma en si misma.

Si la norma es que hay que vestirse para salir, eso no se negocia, se podrá negociar qué ropa quiere ponerse, si el vestido verde o el azul, pero tiene que ponerse uno.

Este ejemplo es muy evidente ya que obviamente no lo vamos a dejar salir desnudo a la calle pero podemos trasladarlo a otras situaciones.

Conclusiones

Hay distintas formas de limitar y distintas situaciones que requieren límites pero lo más importante es que el límite esté presente.

Sin límites los chicos se desorganizan, su mundo pierde los bordes que le dan marco, se siente desprotegido y hasta no querido ya que cree que a nadie le importa lo que le pase.

Entonces pongamos límites claros, firmes y sostengámoslos en el tiempo.

De esta forma nuestro hijo se va a sentir querido, cuidado y guiado en su crecimiento.

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